Por: ROBERTO CONTRERAS

El Día de la Madre es una celebración ancestral. Rhea era la madre de Júpiter, Neptuno y Plutón, y en la antigua Grecia se realizaban grandes fiestas en su honor.

En México se comenzó a celebrar el 10 de mayo en 1922 por iniciativa del períodico Excelsior, la sociedad adoptó de inmediato esta celebración y el comercio fue el más beneficiado pues es el segundo festejo que más ingresos genera para los negocios en el país, luego de Navidad.

Una fecha que se celebra aunque en el resto del año la perspectiva no sea igual.

Una mujer, cuando se convierte en madre, cambia su vida, su tiempo, su forma de pensar, actuar,  para entregarse por completo y responsabilizarse en sacar adelante a los hijos y enseñarles el camino de la vida.

A cambio no esperan nada, solo saber que los hijos están bien y son felices es la máxima divisa para ellas.

Cuando una mujer decide ser mamá, asume la responsabilidad total, sin importar el largo y pesado camino que deberán enfrentar.

28 de cada 100 mujeres ejercen su maternidad sin pareja según datos del INEGI, 7 de ellas son madres solteras y 21 están separadas, viudas o divorciadas.

Lejos de ser reconocidas, deben enfrentar obstáculos aún mayores.

Por ejemplo, una mujer que tiene hijos y trabaja, percibe menos ingresos que una mujer trabajadora sin hijos, los datos dicen que el 51.3% de madres ocupadas tienen ingresos de hasta dos salarios mínimos, mientras que esta situación es del 41.6% para mujeres que aún no tienen hijos.

La decisión de ser madre por elección tiene diversos factores sociales, económicos o de pareja, pero cada vez va creciendo el porcentaje de mujeres que acuden solas a sus citas médicas, más de tres millones y medio de mujeres en México no cuentan con pareja,  poco más de la mitad tiene entre 30 y 49 años, mientras que el 21.9% tiene más de 50 años.

El esfuerzo que ellas realizan para sacar adelante a sus hijos evidentemente es mayor, y más ahora cuando las guarderías públicas fueron cerradas, cuando hay discriminación laboral y otro punto importante que enfrentan: la violencia de género.

Pero está el otro lado de la moneda, niñas que a partir de los 10 años se convierten en madres.

Sea por usos y costumbres, donde las niñas son moneda de cambio, sea por cualquier razón, México es el primer país de la OCDE en embarazos en niñas y adolescentes, un lugar que no debe llenarnos de orgullo.  En este caso, el 70% de las menores se embarazó de hombres de menos de 21 años.

Hablamos entonces de un problema que tiene que ver con la educación, que no se va solo para las mujeres, sino que tiene que darse desde el hogar y con una directriz muy especial hacia los hombres.

Seguimos padeciendo un machismo muy fuerte, donde si lo hizo el niño, el padre llegar a celebrar su complicidad y orgullo de macho con una leve mueca de satisfacción, pero si es la hija la protagonista del hecho, puede arder Troya.

Educación es la respuesta, pues muchos de estos embarazos no son una elección deliberada, sino la causa de muchos hechos: pobreza, abuso, desinformación y un adoctrinamiento equivocado que regularmente nace en casa y ocurren cosas como niñas sirviendo y atendiendo al papá o al hermano y a cualquier primo o amigo que llegan de visita a la casa.

Los programas sociales deben estar hechos con enfoque de género, para reconocer el contexto en que la mujer vive en la actualidad, aún con menos garantías pero ella a pesar de todo, hará lo que tenga que hacer, pero sacará adelante a sus hijos, porque su fuerza y su coraje son su mayor divisa.

Esta fuerza y entrega es parte de la naturaleza.

En la mayoría de las especies, la hembra es la que come al final, es la fortaleza de la manada, la que ve que todo esté bien antes de que a ella le toque “su tajada” de lo que como en grupo hayan logrado.  Un video en redes mostraba a un gallo y una gallina comiendo de una pequeña cubeta.

Él tenía el ritmo de cualquier borracho de cantina empinando el cuello, mientras ella, sacaba semilla por semilla para dársela a los polluelos antes de tomar uno para ella.

Es la naturaleza femenina y no hay nada más respetable y reconocible que eso.

La fuerza femenina salvará al mundo, cuando reconozcamos y demos los derechos que corresponden a la mujer, cuando la defendamos, la respetemos y le demos su lugar que le toca en el mundo.

Una manera de reconocer a la madre que nos dio la vida, nos enseñó a dar los primeros pasos y las primeras palabras no importa si eran buenas o malas, era su sonrisa lo que en verdad valió la pena.

Felicidades a las madres del mundo.

Compartimos un segmento de “Doña Luz” del maestro Jaime Sabines

Madre, si tú me lo permites, te llevo a mi espalda,

te paseo en mis hombros para volver a ver el mundo.

Quiero seguir dándote el beso en la frente,

en la mañana y en la noche y al mediodía.

Quiero pasear contigo, pasearte en la rueda de la fortuna de la semana

y comer las uvas que tu corazón agita a cada paso.

Tú, eres racimo, madre, un ramo, una fronda, un bosque,

un campo sembrado, un río.

Eres luz, lucero, lucha, manos llenas de arroz, viejecita sin años,

envejecida sólo para parecerte a los vinos.

Quiero hacerte un poema, darte unas flores,

un plato de comida que te guste, alguna fruta, un buen trago;

llevarte tus nietos, darte la mejor de las noticias

Dame la mano, o cógete del brazo, de mi brazo.

Te llevaré a dar un paseo por el bosque.

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